jueves, 18 de marzo de 2010

Mientras caminaba durante una tarde de sàbado de 1980 por la calle Zapiola, en pleno barrio de Belgrano R, escuchè el sonido de un piano que provenìa de una casa de neto estilo inglès pero muy venida abajo. Me detuve frente a la vivienda y sin disimular, tratè de mirar con màs detenimiento para ubicar al pianista. La ventana principal que daba al pequeño jardìn con vista a la calle estaba protegida por cortinas blancas. Ya atardecìa. Me quedè un largo rato fumando y escuchando esa melodìa hasta que de repente las cortinas se corrieron, y el rostro de una mujer se asomò. No tendrìa mas de treinta años y una abundante cabellera oscura. Decididamente no era linda. No tuve otra forma de reaccionar que saludàndola levemente con mi mano. Con un gesto amable ella me preguntò que estaba haciendo en ese lugar. "Solamente escuchando el piano" alcancè a decir. "Mañana a esta hora podès volver", soltò sin màs. La propuesta me fascinò y partì. Recuerdo que lleguè a casa y me puse a escribir acerca del extraño encuentro. A la tarde siguiente, regresè. No habìa ni mùsica ni nada. Esperè durante unos minutos hasta que decidì irme. Me sentìa apesadumbrado sin saber por què. Volvì una y otra vez a la casa a diversas horas y nunca encontrè a nadie. Pasado un tiempo y casi por casualidad, tuve que pasar de nuevo por la casa de la calle Zapiola y encontrè a una mujer mayor regando el jardìn. Me atrevì a preguntarle por la chica del piano. Con mirada desconfiada primero eligiò el silencio y luego, a travès de las rejas, me dijo: "Marìa muriò hace años".

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