viernes, 19 de marzo de 2010
la siesta del àngel
Muchas veces contè esta historia, pero nunca antes la habìa escrito. Mi madre era una persona particularmente espiritual, singularmente religiosa, e infinitamente bondadosa. Estuvo en mis peores momentos y tambièn me hizo còmplice de sus vivencias màs extrañas. Una tarde de otoño lleguè a mi casa y la encontrè sentada en un sillòn. Un brillo de sol pleno de polvillo la atravesaba. Las tres de la tarde. Era esa hora en la cual un rayo de luz siempre ingresa al living y se proyecta hasta la pared. El hecho dura pocos minutos pero mientras tanto resulta muy bello. Lleguè pues aquella tarde y me sentè a conversar con ella. La notè muy relajada y sonriente, tenìa un rostro calmo y feliz. "Tengo que contarte algo que me pasò hace un rato", me dijo. "Vos sabès que desde hace tiempo me estaba preguntando dònde guardè esa miniatura que me regalaron y que tanto me gusta, entonces la busquè hoy por toda la casa y nada. Cuando me cansè de revolver, me sentè en este sillòn y por unos minutos me adormecì, hasta que me despertò una luz flotando en el aire. Me dì cuenta que era como un pequeño àngel casi transparente que permanecìa en el aire, cerca de mi hombro. En un momento, el angel volò hacia mi cuarto y desapareciò tras el ropero grande. No tuve mejor idea que abrir nuevamente el mueble y entonces comenzaron a caerse algunos objetos. Mi sorpresa fue infinita cuando encontrè a mi querida miniatura entre los objetos que habìan caìdo. Podès creerme, no es hermoso lo que me pasò?"
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